Una arquitecta perdía días cotizando obras sin saber bien qué quería el cliente. Ahora el cliente define su proyecto paso a paso en el sitio y el número se calcula solo, antes de la primera reunión.
El cotizador es público y podés probarlo. Los valores que devuelve son estimativos.
Elevación estimada — croquis referencial
El cliente llega con una idea y sin números. Definir qué quiere lleva más tiempo que calcular el precio.
El 80% de lo que entra en un presupuesto es siempre igual, y sin embargo se rehace cada vez.
Se invierten dos días en una cotización que el cliente descarta cuando ve el número. Ese trabajo no se cobra.
El presupuesto no debería ser la parte más cara de conseguir un cliente.
Doce pasos. A medida que el cliente responde, la casa se va dibujando en pantalla y el presupuesto se arma solo.
Obra nueva, ampliación o refacción. Cada una con su propia lógica de cálculo.
Mientras responde, el sistema dibuja la elevación y la distribución de ambientes. El cliente ve su casa tomar forma.
Según cuántos van a vivir ahí y cuántos baños necesitan, el sistema propone los metros que hacen falta.
El precio se recalcula en el momento, a medida que se van eligiendo opciones.
Construcción, baños, cocheras y honorarios por separado, y un botón que manda todo a la arquitecta por mail.
El que no está dispuesto a ese presupuesto se da cuenta solo, y no ocupa una reunión.
Capturas del sistema funcionando.
Toda la lógica de cálculo corre en el navegador: es instantáneo y no necesita servidor.
Si armás el mismo presupuesto una y otra vez cambiando dos números, eso se automatiza. Contame cómo cotizás hoy y vemos qué se puede hacer.